Cuando la ciudad duerme,
me debato entre el blanco y el negro,
pues he olvidado cómo ver
la vida de color de rosa.
Es a esas horas cuando recapacito
y pienso que el destino, bromista,
tiene un ácido humor negro
en el que somos ecuaciones sin solución,
es por ello que ni me entiendo a mí misma,
ni le entiendo a él.
La ciudad duerme, sí, menos yo,
que pienso por qué ya no estás,
por qué no te encuentro en mis sueños.
Quizá es por eso por lo que ya no duermo.
Y no sé dónde andarás, si pensarás en mí,
si realmente me odias o aún me quieres.
El viento ya no me susurra nada,
cuando antes afónico me gritaba que te quería,
y sin embargo hemos estado tan cerca
de tenerlo todo, de tocar el cielo,
que en esta noche sin viento
pienso que no te culpo
que te daré tiempo,
aunque ni la ciudad, dormida,
sepa mi secreto.
______________
En esto pensabas querida amiga,
y yo reflexiono y opino,
que el azar a veces se ríe de nosotros,
pero otras nos regala de forma altruista
escasos momentos mágicos
que llenan nuestra vida
en las noches en las que la ciudad duerme,
y que incitan a soñar...
Por eso, aunque el viento no susurre,
yo soplaré por él para tí
y te trairé aromas narcóticos de flores
para que vuelvas a soñar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario