lunes, 6 de septiembre de 2010

Lo que escribí en aquel 2007...


Érase una vez un guerrero cuya piel era de hojalata. En el reino era el caballero más preciado por el rey, pues libraba las más arduas batallas volviendo siempre ileso y victorioso. Le llamaban el Témpano de hielo, pues su rostro inexpresivo ante cualquier emoción así lo mostraba.
Las damas del reino enloquecían por él, que hacía caso omiso a sus alabanzas. Ni la más hermosa de las condesas hacía sucumbir al caballero, que parecía destinado a pasar sus días en la más inmensa soledad.
Un día una pitonisa gitana se atrevió a leerle la mano. El guerrero se negó a que lo hiciera, pero ella, testaruda, hizo oídos sordos a sus órdenes de dejarlo.
La pitonisa advirtió que el caballero había sufrido tanto que su corazón había endurecido de forma que nisiquiera latía, de ahí la explicación de que ninguna de sus cientos de heridas de batalla hubiese conseguido derrotarlo. Era tal el dolor que tenia en su corazón que ya no podía sufrir por nada más.
Sin mencionar qué es lo que le había convertido en un ser sin sentimientos, la pitonisa predijo que un día conocería de nuevo el amor y ya no caminaría nunca más solo.

Pasó el tiempo y así fue. El caballero volvía solo y agotado de una tremenda batalla. Llevaba tres dias y tres noches sin comer, beber ni dormir, y apenas se sostenía erguido en su caballo. Se desplomó.
Le despertó una mano cálida con olor a rosas acariciándole el rostro. Entre sueños le parecía oir una voz tierna y dulce que le susurraba al oído: "amor mío, voy a cuidar de tí, nunca más te sentirás solo". Y volvió a dormir, preso del amor, sintiendo cómo su corazón ganaba temperatura y latía con inmensas ganas de vivir. El témpano de hielo se había derretido.

jueves, 26 de agosto de 2010

La pirámide de maslow


Hoy me ha surgido un tema de reflexión, y tiene que ver con la crisis y cómo nos está afectando a las nuevas generaciones incorporadas al ámbito laboral.
Crecí siendo buena estudiante, no por obligación impuesta por mis padres, o por motivaciones externas a modo de premios si obtenía buenos resultados, sino porque sinceramente, me gustaba trabajar y mejorar cada día. Disfrutaba. Creí que siendo de esa forma tendría el futuro asegurado, pues siempre había oído a mis padres decir "al pobre y al vago, todo le cuesta el doble."
Como en mi caso, la generación de los 80 crecimos teniendo claro que para tener un buen empleo y buena calidad de vida había que sacarse una carrera. Más tarde vinieron los idiomas, y después, los máster y posgrado.
En este competitivo mundo hemos ido subiendo estos escalones a paso agigantado y casi obligados para conseguir la vida que deseábamos. Sabíamos que no podíamos quedarnos atrás. Cuanto mejor y más preparados estuviésemos mejor. Era una carrera de obstáculos donde tenías que terminar de los primeros.
En 2009 llega la crisis y lo que muchos creíamos que no nos iba a afectar debido a nuestra formación y habilidades adquiridas no ha sido una baza para solventarla. Nadie tiene la respuesta. Se dan casos de jóvenes muy bien preparados en el paro, como también gente sin serlo. Ya nada o todo vale, según se mire.
El resultado: frustración.

Maslow inventó hace años su teoría de la pirámide para explicar la autorrealización humana. Una teoría ampliamente criticada. Lo que sí es cierto es que en nuestra sociedad el hecho de tener un empleo rivierte en autorrealización, y el no tenerlo nos decepciona. La seguridad en el empleo sólo consistía según esta teoría en el segundo nivel de la pirámide. Por encima tenemos la amistad o valores como el éxito.
Sin embargo el no encontrar trabajo es lo que más nos afecta. Y con razón si te has pasado la vida luchando por no ser algo, sino algo mucho mejor.
Es un sentimiento compartido por muchos de mis amigos y compañeros de profesión. La generación de los JASP, jóvenes aunque sobradamente preparados, ha pasado de moda. Se han derrumbado los cimientos de nuestras creencias. ¿Se cambiarán ahora nuestros valores? Si en un futuro se dislumbra que esto no va a suceder y seguirán aguantando estos pilares ¿cuánto habrá que esperar hasta conseguir nuestra recompensa?

Este post persigue en realidad finalidad terapéutica. Muchos sabemos que nos costará salir de la crisis. Tenemos que poner todo de nuestra parte, pero sabemos que en el fondo hay que esperar. Entre tanto, hemos de observar las pequeñas cosas de la vida, el lado bueno de todo. Aunque cueste, debemos escudriñar nuestra realidad en busca de las cosas que nos motiven, aunque haya que mirarlo con lupa. Hasta que la tormenta escampe. Porque todos en nuestra vida podemos sacarle lo positivo. Podemos tener tiempo para estudiar aquello que no teníamos tiempo mientras trabajábamos, aprender, disfrutar de los nuestros. No sólo por supervivencia: sino porque hay que vivir aprovechando el tiempo. Y si vivimos disfrutando de lo que tenemos estaremos más receptivos ante las nuevas oportunidades que se nos vayan apareciendo. Porque si miramos todo negro no apreciamos los colores del paisaje. Y no es un sentimiento idealista, sino para enseñar a aprender a vivir.

Esta es nuestra meta ahora: no desanimarnos, seguir luchando, y no obcecarnos en la idea de que las cosas no están saliendo como desearíamos. Tenemos que subir también este escalón. Ánimo.

martes, 17 de agosto de 2010

This is the life


Hoy he ido paseando por un camino lleno de habitantes. La lluvia ha traído consigo la presencia de seres que normalmente no suelen estar a simple vista. O al menos yo no los veía en multitud desde que era pequeña.

Los caracoles cruzaban el camino a paso holgazán intentando cruzar a la tierra prometida. Tan a la vista estaban que resultaba casi imposible no poder esquivarlos. Instintivamente los hemos apartado del camino, para que continúen el camino por su vida lo más pacíficamente posible.

Sin embargo el hallazgo ha sido el comprobar que alguno no lo había conseguido. El azar ha jugado en su contra. Un descuido de algún transeúnte que se ha girado probablemente para charlar con su compañero de paseo acaba en un pìsotón fatalmente desafortunado.

Y así es como vivimos. Cualquier pequeño detalle puede conducirnos al éxito, la gloria y la felicidad, y en la misma probabilidad a un destino mediocre.
Pasamos día a día luchando, arrastrando nuestro cuerpo lentamente hasta llegar a nuestra meta. Por eso nos preparamos a enfrentarnos a la vida, a las relaciones sociales, al mercado laboral. Con el tiempo desarrollamos la astucia que permite que anticipemos posibles caminos que nos desvían del objetivo. Y a veces, no es suficiente. Siempre hay algo que no podemos controlar. Las decepciones se suceden, pero volvemos a levantarnos. Nos las ingeniamos para hacernos un hueco en el mundo, por eso nos pasamos la vida estudiando, mejorando, desarrollando nuestra personalidad. Avanzando. Y a veces, por que sí, la cosa se tuerce.

Hoy esperaba con ilusión el milagro de la vida. Observar cómo una madre trae al mundo descendencia. Y sin embargo, qué tan cruel acontecer tienen las cosas. Aun poniendo todos los medios a disposición había un muro que no podía saltar para salvarla. Y como el pequeño caracol, se ha quedado en el camino. Las dos caras de la vida: unas veces toca cara, y otras cruz. Y todo depende del azar. A veces sucede por que sí y sin más. La insoportable levedad del ser.
Y se cerró el círculo. Como vino, se fue. Al llegar puso su primer huevo. Y se fue sin llegar a poner el segundo.
Ahora podrás volar libre, Nila.

"La carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella, nos aplasta contra la tierra. Pero en la poesía amatoria de todas las épocas la mujer desea cargar con el peso del cuerpo del hombre. La carga más pesada es por lo tanto, a la vez, la imagen de la más intensa plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será. Por el contrario, la ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreno, que sea real sólo a medias y sus movimientos sean tan libres como insignificantes. "

Milan Kundera, La insoportable levedad del ser.