jueves, 26 de agosto de 2010

La pirámide de maslow


Hoy me ha surgido un tema de reflexión, y tiene que ver con la crisis y cómo nos está afectando a las nuevas generaciones incorporadas al ámbito laboral.
Crecí siendo buena estudiante, no por obligación impuesta por mis padres, o por motivaciones externas a modo de premios si obtenía buenos resultados, sino porque sinceramente, me gustaba trabajar y mejorar cada día. Disfrutaba. Creí que siendo de esa forma tendría el futuro asegurado, pues siempre había oído a mis padres decir "al pobre y al vago, todo le cuesta el doble."
Como en mi caso, la generación de los 80 crecimos teniendo claro que para tener un buen empleo y buena calidad de vida había que sacarse una carrera. Más tarde vinieron los idiomas, y después, los máster y posgrado.
En este competitivo mundo hemos ido subiendo estos escalones a paso agigantado y casi obligados para conseguir la vida que deseábamos. Sabíamos que no podíamos quedarnos atrás. Cuanto mejor y más preparados estuviésemos mejor. Era una carrera de obstáculos donde tenías que terminar de los primeros.
En 2009 llega la crisis y lo que muchos creíamos que no nos iba a afectar debido a nuestra formación y habilidades adquiridas no ha sido una baza para solventarla. Nadie tiene la respuesta. Se dan casos de jóvenes muy bien preparados en el paro, como también gente sin serlo. Ya nada o todo vale, según se mire.
El resultado: frustración.

Maslow inventó hace años su teoría de la pirámide para explicar la autorrealización humana. Una teoría ampliamente criticada. Lo que sí es cierto es que en nuestra sociedad el hecho de tener un empleo rivierte en autorrealización, y el no tenerlo nos decepciona. La seguridad en el empleo sólo consistía según esta teoría en el segundo nivel de la pirámide. Por encima tenemos la amistad o valores como el éxito.
Sin embargo el no encontrar trabajo es lo que más nos afecta. Y con razón si te has pasado la vida luchando por no ser algo, sino algo mucho mejor.
Es un sentimiento compartido por muchos de mis amigos y compañeros de profesión. La generación de los JASP, jóvenes aunque sobradamente preparados, ha pasado de moda. Se han derrumbado los cimientos de nuestras creencias. ¿Se cambiarán ahora nuestros valores? Si en un futuro se dislumbra que esto no va a suceder y seguirán aguantando estos pilares ¿cuánto habrá que esperar hasta conseguir nuestra recompensa?

Este post persigue en realidad finalidad terapéutica. Muchos sabemos que nos costará salir de la crisis. Tenemos que poner todo de nuestra parte, pero sabemos que en el fondo hay que esperar. Entre tanto, hemos de observar las pequeñas cosas de la vida, el lado bueno de todo. Aunque cueste, debemos escudriñar nuestra realidad en busca de las cosas que nos motiven, aunque haya que mirarlo con lupa. Hasta que la tormenta escampe. Porque todos en nuestra vida podemos sacarle lo positivo. Podemos tener tiempo para estudiar aquello que no teníamos tiempo mientras trabajábamos, aprender, disfrutar de los nuestros. No sólo por supervivencia: sino porque hay que vivir aprovechando el tiempo. Y si vivimos disfrutando de lo que tenemos estaremos más receptivos ante las nuevas oportunidades que se nos vayan apareciendo. Porque si miramos todo negro no apreciamos los colores del paisaje. Y no es un sentimiento idealista, sino para enseñar a aprender a vivir.

Esta es nuestra meta ahora: no desanimarnos, seguir luchando, y no obcecarnos en la idea de que las cosas no están saliendo como desearíamos. Tenemos que subir también este escalón. Ánimo.

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