
No encuentro la estrella que guía mi barco.
Ya las migajas no señalan el camino a casa.
Choco las puntas de mis zapatos rojos de charol
esperando que algo ocurra.
Apunto con mi largo dedo hacia casa
e invento cachivaches para llamar.
Pero he olvidado el número.
Me encuentro en una isla desierta
habitada por un extraño humo y osos polares.
No sé hacia dónde y cómo seguir.
No hay faro que alumbre mi llegada.
Ni tan siquiera sé dónde he de llegar.
Hola, soy el humo negro.
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